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1. ¿Con qué otros liberales se encontró en Nuevo Orleans y Cuba, aparte del señor Juárez?,
preguntó Josué Naim Fernández Matamoros (15 años)
  Esos fueron tiempos muy difíciles para todos los que tuvimos que salir del país. En mi caso, como no estaba a favor de la forma de gobernar del presidente Santa Anna, me mandó encarcelar. Al salir de prisión me fui a La Habana, Cuba, y luego a Nueva Orleáns, Estados Unidos. En esta última ciudad conviví con otros compañeros liberales, como Benito Juárez, José María Mata, Miguel Arrioja y Manuel Cepeda Peraza, entre otros.

2. ¿Eras muy amigo de Benito Juárez?,
preguntó Oscar Oswaldo Guerrero Rodríguez, María Cecilia Gigdem y Verónica Yahaira Martínez Bustamente. (10, 8 y 12 años)
  En el tiempo en el que estuve viviendo en Estados Unidos, traté a Benito Juárez y entre nosotros nació una profunda amistad que duraría muchos años.

Fíjate que los dos tuvimos que trabajar como obreros en Nueva Orleáns, ya que era la única forma de sobrevivir. Benito trabajó en una fábrica de puros y yo en una alfarería.

3. ¿Qué ley hiciste?,
preguntó Oscar Oswaldo Guerrero Rodríguez y Dulce Gabriela Riverón (10 y 14 años)
  Antes de contestarte es necesario que sepas que las Leyes de la Reforma las escribimos entre el presidente Benito Juárez, Miguel Lerdo de Tejada, Manuel Ruiz y yo. Los cuatro buscábamos que todos los individuos de este país tuvieran libertad, y para garantizarla, debíamos cambiar el orden y la forma en las que se llevaban las cosas en México desde la época colonial. Recuerdo los largos debates y enfrentamientos que tuvimos para ponernos de acuerdo. Visto así, fuimos los cuatro los responsables de las Leyes de Reforma, aunque uno haya escrito de su puño y letra una de ellas.

En mi caso, escribí el artículo que corresponde al matrimonio civil.

4. ¿Qué dice la carta que escribiste para los que se casan?,
preguntó María Cecilia Gigdem R. (8 años)
  Dice que el hombre debe proteger y mantener a su mujer, y que debe tratarla como si fuera la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y que la mujer debe obedecer, atender y aconsejar a su marido. También invita a que se traten con respeto, confianza y ternura. Y finalmente, señala que ambos deben prepararse, con el estudio y la amistosa y mutua corrección de sus defectos, para cuando lleguen los hijos, pues de esta manera serán un ejemplo por seguir.

Algunas de estas ideas las verás muy anticuadas, pero en ese momento, 1859, así veíamos las cosas; si te fijas bien, hay algunas que no cambian, como que los esposos deben tratarse con respeto, confianza y ternura.

5. ¿Qué estudió para ser gobernador?,
preguntó María Cecilia Gigdem R. (8 años)
  De chico fui a la escuela en la Ciudad de México y viví en casa del licenciado Ignacio Alas, quien se volvió mi tutor. Más tarde regresé a Valladolid, lo que tú conoces como Morelia porque doña Francisca, mi madre adoptiva, autorizó que ingresara al Seminario Tridentino de San Pedro para estudiar derecho canónico y civil. Fui uno de los mejores alumnos de mi generación. Después, me tardé un tiempo en terminar mis estudios de derecho en la Universidad de México porque me dolió mucho la muerte de mi madre y como que no me concentraba.

A principios de 1840 viajé a París, Francia; ahí trabajé como agregado en la embajada mexicana de Francia y aproveché mi estancia en esa ciudad para tomar varios cursos.

Como ves, estudié mucho, pero nunca pensé en que llegaría a ser gobernador, aunque estoy seguro de que sin mi preparación no lo hubiera logrado.  

6. ¿Cómo y cuándo moriste?,
preguntó Cristina Graciela Riverón (14 años)
  Cuando terminó la Guerra de la Reforma o de los Tres Años, el gobierno de Benito Juárez pudo regresar a la capital; entonces renuncié a mi cargo y volví a mi hacienda.

Estando retirado de la política, el 31 de mayo de 1861, fui detenido por un grupo de conservadores para llevarme con el general Zuloaga. Me llevaron hasta Tepeji del Río, Hidalgo, en donde me fusilaron. Antes de hacerlo me dieron oportunidad de escribir mi testamento, en el que les dejo a mis hijas Josefa, Petra, Julia y Lucila mis propiedades, y al Colegio de San Nicolás de Hidalgo, mis libros. También escribí: "Muero creyendo que he hecho por el servicio a mi país cuanto he creído en conciencia que era bueno". 

Después me enteré de que, años después, mi nieta, la hija de Josefina, obsequió al Colegio las prendas que llevaba puestas el día de mi muerte.

7. ¿Cuándo, en dónde naciste y cómo fue tu infancia?,
preguntó Dulce Gabriela Riverón (14 años)
  Nací en la Ciudad de México el 5 de enero de 1814; no conocí a mis padres, pero tuve mucha suerte porque doña Francisca Xaviera Tapia me adoptó, y me llevó a vivir con ella a su hacienda de Pateo en Michoacán. Nos quisimos muchísimo, como si fuéramos realmente madre e hijo.

Fui un niño muy travieso y me divertía en los terrenos de la hacienda; tenía amigos con los que jugaba a las escondidillas y a muchos juegos más. Cuando estuve en edad de ir a la escuela, la señora Francisca me mandó con el párroco de Tlalpujahua para que aprendiera mis primeras letras. Después, con el sacerdote de Maravatío, quien convenció a mi madre adoptiva de que me mandara a estudiar a la Ciudad de México, pues él decía que yo era un muy buen estudiante.

8. ¿Qué te pareció estar en el cargo del gobernador de Michoacan?,
preguntó Luis Donaldo Salais Valle (11 años)
  En un principio me negué a aceptar el cargo, porque no conocía cómo se administraba y no sabía nada de finanzas; pero mis compañeros liberales me convencieron. Fui gobernador interino en 1846 y meses después fui electo gobernador. A pesar del poco dinero con que contaba el estado, logré que a los empleados públicos se les pagara puntualmente; también abrí nuevos caminos y escuelas.

Durante mi gobierno, México sufrió la invasión americana; por eso invité a todos los michoacanos a unirse para enfrentar al enemigo. Gracias a la respuesta de la gente, pude organizar dos batallones para que fueran a combatir en contra del invasor, a estos batallones los bauticé como los héroes independentistas michoacanos.

Renuncié a mi cargo en 1848, al terminar la guerra contra Estados Unidos; sin embargo, en junio de 1852 fui electo nuevamente gobernador. En esa ocasión aproveché para hacer mejoras al Colegio de San Nicolás de Hidalgo, funde un hospicio y ordene que se hicieran los arreglos necesarios para que los niños recibieran instrucción en sus pueblos.

9. ¿Qué le pareció el gobierno de don Benito Juárez?,
preguntó Luis Donaldo Salais Valle (11 años)
  La verdad es que me sentí muy halagado de haber participado en su gobierno y considero que lo hizo muy bien.

Como era lógico, entre los miembros del gabinete tuvimos nuestras diferencias y se armaban buenas discusiones, aunque todos trabajamos pensando en el bienestar de la Patria.

 
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